TERRORISTA EMOCIONAL
Juan Beat
La
soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes. (Arthur
Schopenhauer)
Me he convertido
en un ser terrorífico y hace días entendí que no solo es un cliché el
de destruirme, lo estoy haciendo, casi estoy cerca de la perfección; qué
más quisiera yo poder amar de una forma sencilla y sin complicaciones,
pero desde mi primer amor real, todo se convirtió en una pelea salvaje
por destruirnos, por derrotarnos. Eso no significa que no haya amado a
cada mujer con la que me he levantado y además, tenido la oportunidad de
admirarlas desnudas. Arlette me habla sobre un proceso, yo solo quiero
quererla sin concesiones, pero se que voy a terminar destruyéndola, yo
la amaría por años, ella se metería conmigo al salón corona todos esos
años y no me reclamaría por la misma rutina desde que nos
re-encontramos, se que tampoco me diría algo sobre mis viejas y nuevas
adicciones. ¿Entonces? No quiero llevarla a una tumba conmigo, o que
quizá viviendo ya juntos, se de cuenta lo despreciable que soy, de mi
falta de disciplina para convertirme en un escritor, ya hace años,
exactamente ocho, lo recuerdo perfectamente porque aún caminaba perdido
y entristecido enyesado de la mano derecha me encontré a Luis Martignon (RIP) y por su
puesto todo terminó en una brutal borrachera y al despedirnos después de
un par de días de escuchar a the cure en su cuarto de santa maría la
rivera, solo me dijo: no
se si lo logres, te hace falta disciplina…
Quizá me hace falta
disciplina también para amar, por eso ni Arlette que es la mujer más
comprensiva podrá soportarme; si me alejo de ella solo es por no
destruirla, de que podría estar orgullosa, de los tarros y tarros de
cerveza y litros de whisky que me hacen intolerante y más impulsivo.
Tampoco de lo “bueno o malo” que soy para escribir, porque aún no soy un
escritor; la madrugada del domingo pasado me encontré con Guillermo Fadanelli, fue toda una
experiencia lúdica-alcohólica y por segunda vez escuché: para ser un escritor, hay que tener
disciplina.. y una mujer a tu lado durante 20 años siempre ayuda. Yo ni siquiera he podido mantenerme bien
durante tres años con Arlette, quizá por mi sombrío pesimismo; mucho
tiempo creía que yo era un beat y no, los beats tenían esperanzas,
intentaban trascender en muchos sentidos. Yo es lo que menos he deseado
desde mi desencanto.

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