SCOREJUAN BEAT
Hace años me gustaba inscribirme en esas páginas de contactos, un hombre tan solitario y morboso como yo, no podía dejar pasar la oportunidad de ser un cyber vouyerista y saciar mi curiosidad e incluso mis filias más arraigadas. En tales páginas, siempre las mujeres buscan “no sexo”, hombres caballerosos y honesto, jaaa, pura falsedad, lo único que deseaban como yo, es con quien coger y al terminar la sesión, olvidarse uno al otro, llegar a casa y borrar el contacto o dar de baja la página. No creo que sea algo malo hacer eso, lo peor de todo es que nunca mi fantasía se hizo realidad ---bueno, casi----; muchas mujeres detrás de su intel se expresan del sexo maravillosamente, dicen las guarrerías más extrañas que en su vida cotidiana y dentro de su “contacto con la realidad” nunca lo dirían aunque lo pensaran.
En ocasiones quedé de verme con alguna, sus fotos no mentían, horrorosas pero un cuerpo que no despreciaría después de venirme, lo recorrería con la mirada y esperaría otra erección más. Otras bonitas, caritas angelicales y abandonadas, tanto por sus maridos, sus novios, como por ellas mismas. Y en mayor porcentaje, las que sus fotos no mostraban ni un ápice de su alma, bochornosas imágenes, bultos sonriendo que además de todo buscaban algo formal, ¡bahh! quien iba a querer meter su pene en esas deformes carnes tristes y engañadas por su cerebro en la búsqueda de un hombre casi como Mauricio Garcés.
Mi búsqueda personal enfermiza después de años de meterme en esas páginas (Grissel me había abandonado, me cambió por el dalai lama y lo hizo justamente) fructificó, conocí a una mujer un par de años menor que yo, recuerdo tanto el momento, porque se jugaban un play off de la NHL: Pittsburgh Penguins vs New Jersey Devils, mis dos equipos preferidos del hockey. Me molestó tanto levantarme sin terminar de ver el match para ir a mi encuentro cerca del metro revolución; al final mi calentura me ganó, de un tubo de plástico donde antes había galletas de chocolate con figuras de los Simpsons, tome una tira de condones que por pura desidia había comprado en Amsterdam y tome mi rumbo hacía santa maría la rivera. Laura no era tan bonita como en las fotos, estaba altísima, su rostro maltratado por el acné, delgada con pequeños senos, era un esqueleto, muy amable y apacible, pero un esqueleto; que más daba, además, pagó el cuarto, en un hotel detrás del viana del metro revolución.
Mi soledad era tanta que nos besamos, su boca era extraña, cremosa, ya por encima de su blusa se sentían sus pezones duros, me bajó el cierre del pantalón y comenzó a chupar, no duró ni un minuto y comenzó a ahogarse; fue una lastima para mi, esa boca cremosa era perfecta para el blow job que siempre he deseado, ella se fue al baño, hasta me parece que vomitó, dejé mis pantalones abajo, prendí la tv: porno, antena 3, fox y por fin en espn Jaromir Jagr anotaba un hat trick para darle el triunfo a los Pittsburgh Penguins, el score quedaba 4 a 3. Regresé a la cama, me recosté, seguía con los pantalones abajo, tuve una esperanza que la chica esquelética regresara a mi pene, no lo hizo, se recostó aun lado y me pidió que la abrazara.
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