viernes, 6 de julio de 2012

ARRUMBADO

Juan Beat

Foto por Antoine D'Agata

La mitad de mi vida he estado solo, mis padres siempre trabajaron mucho para  darme lo suficiente y no se  si sirvió, no por ellos, por mi… y también mis mujeres siempre me han dejado solo, lo han hecho cuando se les ha dado la gana, cuando no me necesitan o simplemente porque no tienen ganas de verme y también las entiendo. Sus novios o esposos por su puesto son más importantes, aunque siendo justo,  Idalia dejó mucho por mi, casi la hago añicos y aún así  tuvo la capacidad de perdonarme y recibirme de nuevo en su casa un 17 de mayo; aunque ese mes no me sienta bien, ha sido la ante-sala de ver desaparecer a “mujeres de mi vida”. No es que tenga miedo a la soledad, es sentirme abandonado, si me van a dejar, que se vayan para siempre, y no que  me estén lanzando una carnada para acabar como un pez indefenso. Así me siento muchas veces, indefenso ante los argumentos de ellas que son como un uppercut, y quizá es porque mi vida es así: cayendo lona tras lona.

De niño me gustaba estar solo, me acostumbre a inventarme juegos y no esperar  recompensa por una buena acción, según yo era un buen niño, aunque recuerdo las palizas de mi madre, todos los días eran batallas interminables en las que cualquier artículo  servía para aporrearme, soy psicólogo y no tengo ni puta idea si eso tuvo que ver con mis amoríos futuros. ¿Siempre he buscado en una mujer a una madre que me cuide y me de seguridad?  ¿Que de ninguna manera me esté “golpeando” y me deje en soledad?,  no lo se.  Grissel me cuido tanto que terminó huyendo, Lorena siempre impositiva y se largó; la complicidad fue de parte de Ayesha, era la misma mierda que yo, emborrachándose y terminando en hoteles  en los que ni recuerdo si teníamos sexo, según yo, a veces se me paraba.

La peor soledad quizá fue con Karina, yo era como el Guardian entre el centeno de Salinger; no permitía que se fuera al barranco, la cuidaba, la abrazaba, aunque me ignoraba con sus audífonos a todo volumen. Y también me dejó, curiosamente, por el stablishment.  Además que me moría de celos cuando alguien se le acercaba, no era para menos, la amé tanto, que la destruí… jaaa,  después de que ella lo hiciera; aún así siguió viniendo a casa, lloraba y se deprimía y yo como su “guardián” cuidaba que no se tirar a la soledad, pero yo si lo hice.

En gran parte de mi soledad fui arropado por el internet, y particularmente en chats y páginas de contactos. En chats solo conocí a mujeres tan solas como yo, que por su puesto, el encanto de estar tras un monitor  se perdía al estar frente a frente, no se que esperaban ellas, yo solo unas tetas enormes para resguardarme. Tuve muchos encuentros, tantos, que ya ni recuerdo, seguramente a algunas les metí mano, a otras las besé sin convicción, pero la mayoría se fueron a  la mierda tan rápido que no se si al menos nos presentamos. A Lorena la conocí en un chat, ella llevaba el nick “Bjork”, yo “ Jack Kerouac”, y por coincidencia me conocía de aquel fanzine  (Los Avengers) que tantas borracheras me brindó; un tiempo platicamos por msn, aunque había veces que ninguno de los dos hacía más, hasta que me recordó por un texto de la revista Generación, y  el “Sr Beat” se quedó desde aquel día, hasta que un años después, también por msn,  me dijo: “ ya no lo quiero Sr Beat,  no eres el que conocí”. Y  todo terminó, su pequeño cuerpo atractivo me olvidó, quizá lo único que recuerde hasta ahora, será mi lengua, tan buen sexo oral le daba que nunca necesitó mi flácido pene.

Qué futuro puedo tener ahora, curiosamente  después de las resacas me siento más solo, por eso Ayesha ha sido quien menos soledad me ha dado, ella estaba en las resacas, en su cuarto conmigo mientras su ex - novio hacía escándalo afuera rompiendo botellas. No es malo estar solo, pero abandonado si lo es, ya no le endoso la culpa a nadie de mi mano rota, ya no se si algún día, alguien quiera verme llegar a casa, aún con amigos ebrios y montones de alcohol y personalidades desechas.

Ahora solo quiero una mujer que no sea tan buena conmigo, pero que no me arrumbe como uno de esos cds que tanto les he dado y que han lanzado por la ventana o regalado a cualquier amante, novio, o simplemente al recolector de basura. Quizá  la otra mitad de mi vida (o lo que quede) también sea soledad.   

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