ARRUMBADO
Juan
Beat
Foto por Antoine D'Agata
La
mitad de mi vida he estado solo, mis padres siempre
trabajaron mucho para darme
lo
suficiente y no se si
sirvió, no
por ellos, por mi… y también mis mujeres siempre me han dejado solo, lo
han
hecho cuando se les ha dado la gana, cuando no me necesitan o
simplemente
porque no tienen ganas de verme y también las entiendo. Sus novios o
esposos
por su puesto son más importantes, aunque siendo justo, Idalia dejó mucho por mi, casi la hago
añicos
y aún así
tuvo la capacidad
de
perdonarme y recibirme de nuevo en su casa un 17 de mayo; aunque ese mes
no me
sienta bien, ha sido la ante-sala de ver desaparecer a “mujeres de mi
vida”. No
es que tenga miedo a la soledad, es sentirme abandonado, si me van a
dejar, que
se vayan para siempre, y no que me
estén lanzando una carnada para acabar como un pez indefenso. Así me
siento
muchas veces, indefenso ante los argumentos de ellas que son como un uppercut, y
quizá es porque mi vida es así: cayendo lona tras
lona.
De niño me gustaba estar solo, me
acostumbre a inventarme juegos y no esperar recompensa por una buena acción, según
yo era un buen niño,
aunque recuerdo las palizas de mi madre, todos los días eran batallas interminables en las que
cualquier
artículo servía para aporrearme,
soy psicólogo y no tengo ni puta idea si eso tuvo que ver con mis
amoríos
futuros. ¿Siempre he buscado en una mujer a una madre que me cuide y me
de
seguridad?
¿Que de ninguna
manera
me esté “golpeando” y me deje en soledad?, no lo se.
Grissel me cuido
tanto que terminó huyendo, Lorena siempre impositiva y
se largó; la complicidad fue de parte de Ayesha, era la misma mierda que
yo,
emborrachándose y terminando en hoteles
en los que ni
recuerdo si teníamos sexo, según yo, a veces se me paraba.
La peor soledad quizá fue con
Karina, yo era como el Guardian
entre el centeno de Salinger; no permitía
que se fuera al barranco, la cuidaba, la
abrazaba, aunque me ignoraba con sus audífonos a todo volumen. Y también
me dejó,
curiosamente, por el stablishment. Además
que me moría de celos cuando
alguien se le acercaba, no era para menos, la amé tanto, que la destruí…
jaaa, después de que ella lo
hiciera; aún así siguió viniendo a casa, lloraba y se deprimía y yo como
su “guardián”
cuidaba que no se tirar a la soledad, pero yo si lo
hice.
En gran parte de mi soledad fui
arropado por el internet, y particularmente en chats y páginas de
contactos. En
chats solo conocí a mujeres tan solas como yo, que por su puesto, el
encanto de
estar tras un monitor se
perdía al
estar frente a frente, no se que esperaban ellas, yo solo unas tetas
enormes
para resguardarme. Tuve muchos encuentros, tantos, que ya ni recuerdo,
seguramente a algunas les metí mano, a otras las besé sin convicción,
pero la
mayoría se fueron a la
mierda tan
rápido que no se si al menos nos presentamos. A Lorena la conocí en un
chat,
ella llevaba el nick “Bjork”, yo “ Jack Kerouac”, y por coincidencia me
conocía
de aquel fanzine (Los
Avengers)
que tantas borracheras me brindó; un tiempo platicamos por msn, aunque
había
veces que ninguno de los dos hacía más, hasta que me recordó por un
texto de la
revista Generación, y el “Sr
Beat”
se quedó desde aquel día, hasta que un años después, también por msn, me dijo: “ ya no lo quiero Sr
Beat, no eres el que conocí”. Y
todo terminó, su pequeño cuerpo atractivo me olvidó, quizá lo
único que
recuerde hasta ahora, será mi lengua, tan buen sexo oral le daba que
nunca
necesitó mi flácido pene.
Qué futuro puedo tener ahora,
curiosamente después
de las
resacas me siento más solo, por eso Ayesha ha sido quien menos soledad
me ha
dado, ella estaba en las resacas, en su cuarto conmigo mientras su ex -
novio
hacía escándalo afuera rompiendo botellas. No es malo estar solo, pero
abandonado si lo es, ya no le endoso la
culpa a
nadie de mi mano rota, ya no se si algún día, alguien quiera verme
llegar a
casa, aún con amigos ebrios y montones de alcohol y personalidades desechas.
Ahora
solo quiero una mujer que no sea tan buena conmigo, pero que no me
arrumbe como
uno de esos cds
que tanto les he dado y que han lanzado por la
ventana o regalado a cualquier amante, novio, o simplemente al
recolector de
basura. Quizá la otra mitad de mi
vida (o lo que quede) también sea soledad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario