ZURICH
JUAN BEAT
Fue en
un verano aquella primera vez que aterrice en Suiza, casualmente había conocido
gracias a aquel mítico fanzine “Los Avengers”, a Zaira, que es más
italo-española que Suisse; Zurich es el lugar perfecto para mi, lleno de
ancianos, viejos borrachines inocuos durmiendo en los parques, frio, neblina,
apacible… todo lo que quisiera un malhumorado como yo para pasar desapercibido.
Debí haberme casado con Zaira, pero tenía un novio, ja… curiosamente al final Alex----el
novio de Zaira---- se exilio en Acapulco Gurrero, él conmigo fue buen tipo el
tiempo que pasé con ellos en la perfecta ciudad para una personalidad intrascendente
como la mía.
Zaira siempre demostró bondad y su objetivo era
trascender en todos los sentidos, buscaba lo espiritual, igual que Grissa
----aquella mujer que le hice un poema destructivo llamado follando con el
dharma---- el budismo, el yoga era su camino para lograrlo. Yo mientras seguía
con mi destrucción con una mujer muy superior a mi: Lorena… ja pocas veces le
dije por su nombre, yo era el “señor Beat” y ella “la Courtney”, refiriéndome a
la supuesta “asesina de Cobain, su mujer”. Era una extraña relación, después de
Karina abandonarme, no pasó mucho y en el mismo chat que conocí a Sir William
Calavera, me encontré con Lorena con el nick de
“Bjork”, no era muy bonita, pero su personalidad, la cual incluía
sofisticación e inteligencia, me convenció , era una mujer genio, desarrollaba todo tipo de software, conducía
un deportivo y le gustaban los buenos lugares para comer o beber; me acompañó a
un viaje por segunda vez a Zurich, ja su ingles si no era muy bueno, yo ya
había recorrido europa, Lorena apenas iniciaba el “on the road”, ja supuse me
necesitaba como su traductor…
Pasó
por mi en su sentra, ------fue la primera vez que mis padres la conocían, como
trabajaba tanto solo pasaba por las tardes a casa a visitarme o salíamos--- fue
un poco tenso, llenamos su cajuela con mis maletas llenas de tequila y cosas
para los amigos en europa; pero mi error, fue pedirle que me dejara manejar, noté
su incomodidad, al final era su auto, mi vieja caribe 80 apenas rodaba y me
atreví a pedirle manejar su auto, no quiso mostrar debilidad ante mis padres,
lo se…
Llegamos
al aeropuerto, hice el ritual de cada verano e invierno: documentar, tomar un
trago, deshacerme de todo lo metálico y disponerme a abordar. No se porque al
despedirme de mis padres lloré, quizá fue cuando me di cuenta de todo lo que habían
hecho por mi y yo con mi mierda idea de ser un escritor, de haber echado por la
borda mi carrera en las neurociencias; le pedí a Lorena que los llevara a casa
y que en una semana nos encontrábamos en Zurich.
El
tiempo en Zurich juntos, que compartimos con Zaira y Alex fue simplemente el
comienzo de la ruptura; yo solo quería beber Franziskaner, desparramarme en una
banca y seguir viendo nevar. A Zaira ya la conocía bien, había una comunicación
natural, me agradaba más ver llegar a Zaira por las tardes cuando no paraba de
nevar y no había más que aferrarse a un hogar, que estar en cines, bares, o
conociendo la ciudad, “tomado de la mano de Lorena”.
Yo
después de una semana me fui a Madrid, mis padres ya estaban hospedados cerca
de la gran vía, “la Courtney” regresó a la ciudad de México, durante mi tiempo
de viaje, me entretenía en calcular cuánto cobrarían las rusas y croatas que
esperaban con diminutas ropas en plaza del Carmen; salía del hotel Liabeny en
aquel volvo S80 y no extrañaba a mi lado a Lorena, pensaba en Zaira, en su
nobleza… “la Courteny” no volvió a comunicarse conmigo, regresé a México un mes
después y solo por el msn de Hotmail ya desparecido, me escribió: ----ya no me
gusta señor Beat… no hay ningún futuro----. Se terminó… y quizá tenía razón
sobre mi incierto presente ahora.
Lorena
me cambió por alguien más, se mudó a París, se compró un mercedes Benz y
afortunadamente me olvidó; no sufrí por la falta de su “cariño”, ni por el
sexo, algo me indicaba que como siempre yo solo era un analgésico para ella, y su
caminó real era encontrar a una buena mujer a su lado. La verdad lo sabía, pero
me sentía cómodo tratando de olvidar a Karina.
Y hasta
ahorita no hay ningún futuro…

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