domingo, 14 de febrero de 2016

DESTERRADOS

DESTERRADOS

JUAN BEAT

Nancy… no se donde quedó, ni si quiera la he soñado, solo la recordé por razones azarosas, la última vez que nos comunicamos fue por teléfono, recuerdo que yo estaba terminando una relación y enloquecí follando con mujeres que después me abofetearon diciéndome que mi “sexo era barato”;  no quise quedarme con ellas, no las necesitaba, más que para venirme rencorosamente custodiado por un condón barato. No hablamos para quedar y follar como en los viejos tiempos en los que , era una incógnita total, nunca llegaba a “mis eventos importantes-----en ese tiempo en el hotel virreyes-------” Simplemente nos encontrábamos y no se hablaba de literatura, ni de cine, algunas veces de amy winehouse o de la soledad que nos rodeaba al finalizar un acto tan vil como el sexo. Nunca quiso convivir con mis amigos y menos conocer mi pequeño territorio en casa, me llamaba para masturbarse, casi siempre pasadas las 3 am, se emborrachaba y lo único que le quedaba era recurrir a este viejo puerco decadente; nunca “nos hicimos novios”, supe después que tenía un novio de años. Pasaban meses y solo recibía mensajes de texto o mails con sus fotos desnuda, nunca guarde una, no es que estuviese mal, al contrario, era una mujer bastante atractiva, sin embargo, me conozco, y sabía que si me hacía una “mala jugada” la destrozaría , más o menos me comporté como un “hombre decente”, borraba todo indicio de su presencia en mi inbox del  mail.

Antes de la última llamada, su madre murió  de un cáncer , y me confesó que había estado embarazada de ese novio que tanto me escondió, al final por desgracia, perdió lo que hubiese sido su segundo hijo; el primero también murió de forma trágica, quizá por eso comprendía su soledad y  el enojo por la vida. Tenía mi edad, era diseñadora gráfica, solo tenía a su padre y a un hermano; nunca nos quisimos, simplemente éramos dos desterrados, ella por su puesto con una trágica vida, la mía no tanto, solo siempre luchando por encontrar un camino, el más efectivo para jodernos, el enojo por la vida nos dio una oportunidad.  Nunca la extrañe, nunca la soñé, nunca le dediqué un texto -------más que insultos en una hoja de Word------.  Y después de más de tres años pensé en su suicidio, lo gritaba cuando estaba ebria y me llamaba por teléfono; quizá era su mejor opción, no le quedaba nada, no tenía ni un pedazo de cariño, ni mío por supuesto, la mandé a la mierda infinidad de ocasiones, quizá tomó en serio mi consejo y murió.


No me importa, ojalá descanse en paz…

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