EL OLVIDO DE LOS RECUERDOS
JUAN BEAT
Yo
esperaba en esa maldita sala que tanto
odié al llegar de cada huida a Madrid; desfilaban seres extraños que yo no reconocía, hasta que
vi a Lilia, no era a ella a quien esperaba,
pero daba igual, nos vimos y nos re-encontramos. Fue algo raro como
entablamos cierta relación; yo salía con Lorena pero ya estábamos por explotar, y un día recibí un mail de Lilia, me decía que era amiga de “miss courtney” y quería contribuir a
que Lorena y yo mejoráramos nuestra relación. Sin embargo, el efecto fue al
contrario, Lilia y yo comenzamos a escribirnos, a comunicarnos por el ya desparecido msn y a
involucrarnos, hasta que un día desde monterrey
me visitó al df; por su puesto no
fue lo mismo, ella me rechazó mientras sonaba Coltrane en un enorme cuarto de un séptimo piso de un
edificio ya desparecido. Yo me molesté y
afortunadamente existía el salón Orizaba, así que la dejé deprimida y caminé solo unas cuadras para empobrecerme más, estaba saliendo con la mejor
amiga de mi ex novia, y no me importó, porque entre Lorena y yo solo había
peleas en el msn y lo último que vivimos
juntos fue la densa nieve en zurich, caminando rumbo a casa de Zaira.
Regresé
del Orizaba no tan ebrio y Lilia seguía
con su actitud melancólica, no nos besamos, no nos tomamos
de la mano, lo más cerca que estuvimos fue en el metro ese mismo día que
llegaba y también se regresaba a Monterrey, sin decir mucho llegamos de nuevo a
la central del norte, compró su boleto y
esperamos en la inmunda sala, hasta que le dije que iba al baño y desparecí, no
quise saber más de esa situación, así que tomé el metro y me fui a casa de Luis a Tepito,
bebimos hasta el amanecer, al otro día me llamó Lorena, le conté que estaba
mal, pero nunca imaginó que había estado
cerca de su “mejor amiga”. Lorena y
yo no volvimos después a buscarnos,
hasta que Zaira desde Zurich visitó el df.
Lo
poco que hablé con Lilia ahora en el
aeropuerto, fue recordar esos momentos, le pregunté por Lorena y me contestó
que ella le dijo que por su culpa yo la
dejé de querer, y eso no fue cierto, la dejé de querer porque ya no había nada
que nos mantuviese juntos, ni si quiera el mal sexo, mucho menos los abrazos en su sentra.
Todo se terminó y no volví a ver a Lilia hasta hace unas horas, ahora estará
volando hacía una región extraña de nueva Inglaterra en eu, debí pedirle que me
comprara algún jersey de hockey, pero por esos rumbos no hay nada tan frío más que el olvido de los
recuerdos.
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