BLACK
La soledad me la he buscado yo, y por alguna razón, cada mujer que me ha
dejado ha embellecido más, les sienta bien mi ausencia; supongo llegan con
cierta expectativa y pueden morir, sucumbir, incluso sufrir en el intento de
comprenderme, pero nadie lo ha logrado. Seguro las hace más bellas no verme desvariar, no verme derramar
cerveza, no verme abriendo un botella de scotch que poco me dura… seguro las hace
más bellas simplemente no verme ni escucharme. No tengo ningún problema en
aceptar los lloriqueos que tuve tras llamadas por teléfonos con algunas de esas
mujeres bellas que afortunadamente dieron reset al poco vínculo conmigo,
incluso las más “buenas”, las casi santas huyeron.
Con otras mujeres no tuve ni oportunidad de una pobre lágrima, me ataca a
la mente aquellos momentos extraños del Bombay donde aparecieron dos mujeres de
mi vida y como si fuera por acuerdo, nada de celos ni enojos, es más, una de
ellas me dejó una botellita de Jack daniels en mi chamarra, y la otra me
acompaño a casa; fue la primera vez de los “viejos puercos”, fue un caos, fue
como lo he sido yo: simplemente acumular emociones. Pero de aquellas mujeres
que no tiré una lágrima ----no porque no lo mereciera--- fue Gabriela, yo casi
tengo intactos momentos, pero no recuerdo cómo llegó a mi vida, temo que fue
por lo que escribía, por lo que hacía detrás de la batería lo dudo; de repente
ya estaba bajo unas luces neón esperándola en un mes de septiembre, nos
reconocimos al instante y me sentí un poco desalentado, era para mi edad casi
una “niña”, no se, 20 años a lo mucho y yo ya rebasaba los 34; mi eterno
problema con mujeres de cabellera larga… con mujeres con playeras de Burzum…
con mujeres que me respetaban un poco, me hizo enamorarme de inmediato --tampoco recuerdo si yo salía con alguien,
cosa que tampoco me importó si fue así---; la invité después al Bombay, no se
que tipo de evento, aquel mítico lugar se convirtió en el refugio y casa de
varios amigos. Caminamos de Bellas Artes hasta el Bombay, creo que la llevé por
la peor parte de eje central, pasando por Garibaldi y lugares sórdidos como el 33,
solo reíamos de mi desfachatez, no paro nunca de ser un cínico… tanto como mi
querido amigo Carlos de la Rosa que también se enamoró de ella, pero algo hice
mal, decidió huir a su casa, quizá intuyo que no tendría futuro con un perdedor
declarado y se fue. No la vi más solo nos comunicábamos por celular y facefuck,
ella si era baterista de verdad, tenía una Pearl… no quiso más verme, no tuve
una lágrima para ella, peor aún fue la frustración.
Encontró a buen tipo, tuvo un hijo y siguió su vida, tuvo la capacidad de
ver hacía el futuro y no joderse un tiempo conmigo, un día la vi por el metro
chabacano, estaba más hermosa que nunca, el cabello largo suelto, su playera de
Mayhem y caminando con seguridad, algo que no lo hubiese hecho a mi lado… yo
suelo llevarlas por los caminos más sombríos, por los más abrumadores e
infames.
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