lunes, 14 de octubre de 2013

TIME AFTER TIME

TIME AFTER TIME

Juan Beat

Las madrugadas no me importan,  bebo aunque ya no me emborracho, bajo porno, leo on the road de nuevo y  escucho un mix de mi playlist, ya a las 3 o 4 am me empieza a ganar el sueño, los gatos piden sus cobijas para que yo me tire y se encimen; el gato “di caprio” decidió mudarse aquí: a la oficina, también “la gatilla” se mudó, así que como siempre el “gaterío” por todos lados; no he dormido tan mal, hay menos espacio por la batería, pero aún así una mujer a mi lado perfectamente ocuparía un lugar entre gatos, batería y libros, sin embargo, ya no está. Y eso es lo que por las mañanas me jode tanto,  la botella de scotch y no de Jim Beam, las latas de cerveza regadas y con una maldita erección. No me dan ganas de masturbarme, prendo el monitor de 32 pulgadas y me doy cuenta de todo lo que he bajado durante la madrugada: porno, el nuevo de Pearl Jam, el sountrack de la película de metallica, y aún así al darle play al i Tunes suena José José, como me torturo con: vamos a darnos tiempo, pero me suena familiar la canción, yo alguna, creo solo una vez he pedido tiempo, pero fue muy poco, no le llamé a Arlette, ni  hice más hasta el día convenido, duró poco la felicidad después de el reencuentro, Arlette se esfumó, ya no había tiempo para mi… y es normal, no merecía su tiempo.

Ahora la misma tortura con “un tiempo”, no me encuentro bien, el jueves pasado realmente se apoderó de mi la frustración y dolor, y lo peor lamentablemente, Javier, un buen amigo, falleció y de alguna forma él me salvo de no enloquecer; me despedí de él, recordé las veces que veníamos a casa y bebíamos un poco más y platicábamos de proyectos literarios, y también me escuchaba sobre mis choques amorosos; debo agradecerle a Javier que la locura se me convirtió en dolor.

Llevo a penas cuatro mañanas totalmente solo, y estoy comenzando a enloquecer, mis sueños son cada día más irreales; anoche soñé con Idalia, tenía muchos meses que no lo hacía, estaba en casa, desnuda, caminado por todos lados, no había gatos, pero si gente que espiaba por las ventanas, me desperté porque la veladora que le puse a mi amigo Javier se quebró… el vaso se quebró. Lo tomé como una señal, una de rompimiento, me levanté convencido de la soledad; me duele tanto la falta de ella, que no se si soportaré “el tiempo cedido”, lo más seguro es que tome otro rumbo o el dolor me lleve a dejar los chantajes y hacer las cosas, bien me dijo Aydeé, somos uno berrinchudos y tiene razón, espero un día ya no me importe nada y sin parafernalia hacer lo que dicten los sentidos y las emociones. No me siento bien, bebo y escribo tanto que explotar es tan fácil.

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