TIME AFTER TIME
Juan Beat
Las
madrugadas no me importan, bebo aunque
ya no me emborracho, bajo porno, leo on the road de nuevo y escucho un mix de mi playlist, ya a las 3 o 4
am me empieza a ganar el sueño, los gatos piden sus cobijas para que yo me tire
y se encimen; el gato “di caprio” decidió mudarse aquí: a la oficina,
también “la gatilla” se mudó, así que como siempre el
“gaterío” por todos lados; no he dormido tan mal, hay menos espacio por
la
batería, pero aún así una mujer a mi lado perfectamente ocuparía un
lugar entre gatos, batería y libros, sin embargo, ya no está. Y eso es
lo que por las
mañanas me jode tanto, la botella de
scotch y no de Jim Beam, las latas de cerveza regadas y con una maldita
erección. No me dan ganas de masturbarme, prendo el monitor de 32
pulgadas y me
doy cuenta de todo lo que he bajado durante la madrugada: porno, el
nuevo de
Pearl Jam, el sountrack de la película de metallica, y aún así al darle
play al
i Tunes suena José José, como me torturo con: vamos a darnos tiempo,
pero me
suena familiar la canción, yo alguna, creo solo una vez he pedido
tiempo, pero
fue muy poco, no le llamé a Arlette, ni
hice más hasta el día convenido, duró poco la felicidad después de el
reencuentro, Arlette se esfumó, ya no había tiempo para mi… y es normal,
no
merecía su tiempo.
Ahora
la misma tortura con “un tiempo”, no me encuentro bien, el jueves pasado
realmente se apoderó de mi la frustración y dolor, y lo peor lamentablemente,
Javier, un buen amigo, falleció y de alguna forma él me salvo de no enloquecer;
me despedí de él, recordé las veces que veníamos a casa y bebíamos un poco más
y platicábamos de proyectos literarios, y también me escuchaba sobre mis choques amorosos; debo agradecerle a
Javier que la locura se me convirtió en dolor.
Llevo
a penas cuatro mañanas totalmente solo, y estoy comenzando a enloquecer, mis
sueños son cada día más irreales; anoche soñé con Idalia, tenía muchos meses que
no lo hacía, estaba en casa, desnuda, caminado por todos lados, no había gatos,
pero si gente que espiaba por las ventanas, me desperté porque la veladora que
le puse a mi amigo Javier se quebró… el vaso se quebró. Lo tomé como una señal,
una de rompimiento, me levanté convencido de la soledad; me duele tanto la
falta de ella, que no se si soportaré “el tiempo cedido”, lo más seguro es
que tome otro rumbo o el dolor me lleve a dejar los chantajes y hacer las
cosas, bien me dijo Aydeé, somos uno berrinchudos y tiene razón, espero un día
ya no me importe nada y sin parafernalia hacer lo que dicten los sentidos y las
emociones. No me siento bien, bebo y escribo tanto que explotar es tan fácil.
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